miércoles, 27 de noviembre de 2013

Capitulo 4

O más bien lo que no vi. Pues lo único que note fue el aire a mi alrededor chocando contra mi cuerpo y colocándose entre mi ropa. Todo era negro. Oscuridad, frío, nada. Grite, pero no llegue a escuchar mi voz. Tenía miedo, más que nunca; pues todo aquello me recordó al sueño de la noche anterior.
Seguí cayendo, noté como todo giraba a mí alrededor. Y por fin noté el suelo húmedo bajo mi cuerpo.
Mis manos se acerraron a la tierra, intentaba levantarme.
No podía, mi cuerpo no respondía
Eso es Gema, lo estás haciendo muy bien.
Dios, ¿que había hecho? Estaba segura de que aquella voz no me quería dañar?
Respire entrecortadamente, me dolían los pulmones.
NADA.
Volví a caminar por el terreno de mi sueño. Todo oscuro y luz, pero vacío, todo una gran cantidad de nada.
Estaba de pie, sola, ya no podía respirar con normalidad, pero la tierra ya no estaba allí.
Estaba de nuevo sola, sola del todo, pues ya no escuchaba la voz de aquella odiosa mujer.
-¡David! - grite desesperada- no sé cómo cuanto tiempo grite de esa manera, pero nada cambió.
Cuando por fin me recobre, abrí los ojos lentamente, parpadeando, entreviendo las pestañas oscuras contra la luz que me rodeaba.
-¿Da-David?-pregunte con voz pastosa
-Estoy aquí gema, tranquila, descansa.
Hazle caso
-¡No!- exclame-No os pienso hacer caso.
David me miro interrogativamente, pero no le dije nada, y me volví a dejar caer en la cama. Estuvimos en un incómodo silencio, mientras me preguntaba qué había pasado, sabía que era un sueño pero parecía tan real que llegue a creérmelo.
Me estuve preguntando quien sería esa extraña mujer, pero no hallaba respuestas, y creedme, lo intente. Mientras que David y yo vivíamos aquel silencio incomodo, me atreví a romperlo y sin pensarlo antes, le dije:
-¿Quién es esa mujer?
El me miró confuso, no sabía de qué le hablaba o amenos lo aparentaba, pero yo estaba segura de que él lo sabía, no sé cómo, pero mi instinto me impulso a seguir:
-No te lo voy a preguntar más veces, ¿Quién es esa mujer?
El no quitó la mirada del suelo, era como si tuviera miedo a contestar pero finalmente dijo con la voz temblorosa.
-No sé de qué me estás hablando Gema, no sé qué voz es esa- hizo una pequeña pausa y continuó- lo mejor es que me valla y te deje descansar un rato.
-No- grité enseguida- sé que lo sabes, dímelo.
- Ya te he dicho que no sé de qué se trata, deja de insistir.
-no, no dejare de insistir, hasta que me lo digas.
-Gema por favor, estoy cansado, quiero irme a mi casa.
Se levantó, se dirigió hacia la puerta, pero antes de que tocara el pomo, logré alcanzarle yo antes, y cerrar la puerta. Me coloqué delante suya, mirándole con rabia y con tristeza. Necesitaba su ayuda, sabía que preguntando por esa voz no conseguiría nada. Así que decidí dejar ese tema a parte y preguntarle por la caja. Le lleve hasta la cama y le senté en ella, me senté a su lado y empecé el interrogatorio:
-Si no vas a hablarme de esa estúpida voz, dime que es esa caja.
Me miro confundido pero no mostraba una gran sorpresa por el echo de que le preguntase aquello; parecía esperárselo.
-No sé de qué caja me hablas.-susurró.
Me levante a por la caja.
-Te hablo de esta caja y de lo que contiene dentro.-dije exasperada.
Me miro con ojos dudosos, pero aun así, no me rendí y seguí preguntando.
-No pongas esa cara. Sabes tan bien como yo que conoces lo que significa su contenido.
-Te has puesto pesada Gema, ¿cómo te tengo que decir que nose de que me hablas?-ahora parecía un poco mas enfadado y acercó su cuerpo mas al mío.
-¿Y por qué no te creo?-yo también me iba enfadando por momentos.

¿Cómo podía ser tan cabezota? Si él no sabía nada, no lo sabría nadie.
Dios... Me había acabado por creer su historia de la magia. Era la única opción mas racional a parte de que estubiese loca, y eso me iba a costar mas aceptarlo.
-Porque eres muy cabezona y no te lo quieres sacar de la cabeza.
-Eso solo me pasa cuando estoy segura de algo.-me acerqué mas a él; notando su respiración acelerada por la ira contra mis labios.
Aquello era lo mas cercano a un beso que habíamos tenido.

-Tu siempre estas segura de todo, ¿ y sabes qué?, que casi nunca tienes razón y que siempre quieres llevarla.- Soltó todo el aire que contenía en sus pulmones. Ya había dicho lo que tenía que decir.

Esa discusión me hacía pensar que ocultaba algo, pero con el tono de voz, y con lo fuerte que me gritó en aquella ultima frase, me desconcertaron al momento, no sabía como reaccionar, y sin darme cuenta, mis labios dijeron:
-Largo, de aquí.- Me aparté de él rápidamente.

Él se fue sin pensárselo dos veces, pero yo no quería que se fuera, estaba convencida de que esas palabras no las había podido decir yo, pero parecía que sí. En el momento que se fue me quede pensando en su última frase “Tú siempre estas segura de todo, ¿y sabes qué?, que casi nunca tienes razón y que siempre quieres llevarla”. ¿Y si era verdad lo que decía?, ¿y si me había sobrepasado con él?,¿Cómo me dirigiría a él al día siguiente?
 Gema, ¿Por qué has hecho eso?, él te podía ayudar y has desaprovechado una oportunidad y además…
-Escúchame, no sé quién eres ni porque estas en mi cabeza pero cállate ya, no te soporto
Yo solo intento ayudarte a ir por el camino correcto, y además, te estas equivocando, vuelve a dormir...
 Me quede inmóvil, frente al espejo, ¿esa voz me había contestado?, no podía ser pero lo había hecho; estaba aterrorizada. Una cosa es que me hablara con frases que no tienen sentido, pero que me contestara, eso no era normal. Tenía miedo de pensar y de que aquella voz me escuchara. En unos minutos me eche a reír, la única conclusión que obtuve fue que estaba tan obsesionada, que mantenía conversaciones conmigo misma, era una estupidez, pero lo único razonable que sacaba.
Pensé en contárselo a mi madre, suponía que estaría en la cocina, pero al final me acorde de que estaba sola en aquella casa. Fui a su habitación, la observe fijándome en todos los detalles, en realidad no entraba mucho allí. No sé por qué pero mis padres me decían que entrara lo menos posible, y que por supuesto no tocara nada, pero aunque yo era una chica buena y obediente, a veces me gustaba saltarme las normas.
Lo que más me decían mis padres es que no tocara un viejo baúl, que había postrado a los pies de su cama, pero ¿por qué?



Capitulo 3

-¿Has visto a David?-pregunte una vez mas.
Nadie sabía donde ni quien era ese tal David. Buscarle era como encontrar una aguja en un pajar. ¿Qué pretendía con esto? ¿Volverme loca? Seguramente lo estaba consiguiendo.
Vete, Gema vete. Sabes donde esta, deja que tu corazón te guíe.
Los susurros de esta mujer en mi cabeza cada vez se hacían mas fuertes, y constataban mas el hecho de  que se me estaba yendo la olla.
Salí del instituto y corrí por las calles; la casa de David no quedaba lejos, si no estaba alli o decian que no conocian a ninguno le acabaría dando la razón. Era cosa de magia. 
Me aproximé a la verja de su casa temiendo me lo peor, sabía lo que pasaría. Llegué a la casa, pero allí no había nadie. Por una vez decidí escuchar a la voz que habitaba en mi cabez. Esperé unos minutos en silencio, y por fin, cuando estaba a punto de desistir escuché algo.  
Deja que tu corazón te guie. 
 No sabía por qué pero fuí hacia el bosque, pues estando en el pueblo temía no llegar a encontrarle. 
Seguí un tortuoso camino de tierra, despacio y con cuidado de no caerme entre las rocas que lo recorrían por los lados. Allí no había nadie. Pero aun no había perdido del todo la esperanza de volver a verle, incluso de encontrarle. Sabía como era y estaba segura de que en cualquier momento aparecería. Mientras caminaba lentamente, pensaba continuamente en una cosa: ¿Me quería volver loca? ?A caso todo aquello lo estaba haciendo a posta? 
No entendía por qué hacía eso, no lo llegaba a comprender; lo único que yo quería era asegurarme del todo sobre el tema de la "magia". 
Caminaba con todos mis sentidos a alerta, esperando cualquier movimiento o sonido. Un arbusto se movió, temí que fuera un animal peligroso- o por lo menos mi concepto de peligroso; que era casi cualquier animal desde una vaca hasta un zorro- , pero al mismo tiempo temía que pudiese ser al mismo al que buscaba; David.  
Pasaron unos segundos y el ruido cesó. Me asomé entusiasmada pero para mi suerte no había nadie. Tal vez habría sido producto de mi imaginación, no lo se. 
Gema, sigue el camino que te señala tu corazón. 
Otra vez esa voz; por un momento lo dudé, pero al final y por segunda vez la hice caso. Con la mirada en el suelo, vi que mis pies caminaban sin rumbo , uno tras otro, fiándose de esa extraña voz. 
Algo me decía que me estaba volviendo loca, pero otro me decía que esa voz me guiaría por el camino correcto. 
Seguí caminando, concentrada en mis pensamientos; y cuando alcé la vista no me pude creer lo que vi.

domingo, 24 de noviembre de 2013

Capitulo 2

Intente abrir la caja, pero no podía pues tenía una cerradura. Pero eso no me podía detener en mi intento por decubrir lo que contenía; no me podía quedar de brazos cruzados mientras una caja misteriosa aparecía en mi cuarto a saber como. Pensé en quien podría haber tirado la piedra a la ventana, pero ese pensamiento desaparecio en cuanto vi la caja de nuevo. Recuerdalo, recueldalo, por favor. Otra vez esa voz, suplicandome que recordase algo. ¿De qué hablaría? La aparte de mi mente como pude, y a la caja también. La deje a una esquina de mi escritorio.

Pasaron las horas y yo ya había dado por perdido hacer los deberes, estaba viendo la televisión, pero en cuestión de segundos se fue la luz. Todo paso muy rápido, apenas se había ido, la luz ya estaba de vuelta, pero cuando volvio había una pequeña llave en la mesa frente la tele; en cuanto la vi supe que pertenecía a la misteriosa caja que había en mi cuarto. La coji y subi corriendo a la habitación pasando los escalones de dos en dos. Cuando llegué y fuí a por la caja ya no  estaba donde la había dejado, ahora estaba encima de la mesita en la que tenía un espejo de pared, juraría haber dejado la caja en el escritorio, pero tal vez me había equivocado.
Lo que paso a continuación no me sorprendió mas que horrorizó. Abri la caja impaciente, y en su interior encontré un pequeño colgante; era de plata de una fina cadena pendía un circulo con una seríe de dibujos y formas que no sabría definir. Era realmente bonito, ¿Pero que haría aquello allí?
Estube a punto de ponérmelo, pero recapacité a tiempo y lo dejé donde estaba, volviendo a cerrar la caja con llave. No sabía de donde había salido aquel collar, todo esto era muy raro. No pensaba hacer nada hasta que David no me diese explicaciones, seguro que tenía algo que ver con él, seguro.

Aquella noche me costó conciliar el sueño y cuando lo hice no paré de revolverme entre la húmedas savanas.

Estaba sola, hacía frío. A lo lejos escuchaba aquella voz de mujer ya familiar, no podía estar lejos. Seguí caminando por la nada; todo lo que me rodeaba era una gran y vacia cantidad de nada. Pero igual que la veía blanca había partes en que era negra. Era un sitió horrible pues a pesar de estar vacio me causaba confusion y miedo. No queria estar sola. 
Llevaba un buen rato caminando hacia la voz de la mujer; cada vez sonaba mas cerca pero no llegaba a verla nunca. 
Paré y giré en redondo observando lo que me rodeaba. Del techo,- o tal vez era el suelo; no podía distinguirlos-cayó un cuerpo, como si de un plomo muerto se tratase. Me acerqué con cuidado, pero cuando reconocí el cuerpo me arrodillé a su lado y le busqué el pulso. 
Era David. Un David ensangrentado, pero era él. Parecía tan real.  El cuerpo volvió a caer, como si el suelo se abriese a sus pies, y se precipitó a una oscuridad mucho mas por debajo de mi. Seras la siguiente en caer si no me haces caso Gema. Me dijó la voz como aviso. Eché a correr, cada vez mas rápido, hasta que las piernas me fallaron. Era demasiado tarde; ya estaba cayendo...

Cuando me desperté fue por culpa de mi madre que me llamaba desde la cocina.
Tube el tiempo justo para vestirme cojer la mochila y comer un par de galletas; aun así cuando llegue al instituto ya iba tarde.

Capitulo 1


Me despierto con el cuerpo entumecido y dolor de cabeza. No me puedo creer que el tiempo pase tan despacio; haria algo por cambiarlo pero no soy capaz. David me volvio a la mente. Sus palabras, la confesion que me habia hecho la otra noche; aun seguía sin creermela. Magia. Ese decia que era su mundo; el de la magia. Mientras que yo no sabia ni a donde pertenecía. Aquello me resultaba muy dificil de creer. ¿Como llevarias tu que el chico que te gusta, que casi podrias llamar novio, te diga que no podreis estar juntos nunca? ¿Cómo reaccionarias si la causa de esto fuera que su "mundo es el de la magia"? No sabía ni como imaginarme lo que me decía, pero con solo rememorar aquella noche me estremecía.
El dolor era cada vez mas agudo, como agujas clavandose por todo mi cuerpo.
No sigas por ahí Gema.
Me dejé caer en la cama. Esa voz, que me invadía como un recuerdo. Me perseguía, me perseguía desde hacía mucho tiempo. Poblando mis sueños y mis dibujos, mis pensamientos mas oscuros y alegres. Estaba alli siempre como una mala conciencia.
Cuando sali de casa para ir al instituto, no reparé en que algo había cambiado. No se si el viento soplaba mas fuerte, si el sol brillaba mas o simplemente era cosa mia; pero algo no iba bien.
Gema tu sabes que esto no es asi. Lo sabes. Recuerdalo, te lo suplico.
Sacudí la cabeza intentando deshacerme de esa molesta voz de mujer.
Estaba llegando al instituto, las puertas estaban llenas de gente; entre ellos distinguí a varios de mis amigos, pero preferí pasar de largo. La verdad es que últimamente no estaba de humor, me sentía cansada; como si me hubiesen pegado una paliza. Y estaba totalmente reacia a las conversaciones, pues me parecían realmente estupidas.
En clase me limité a atender, pero mi mente estaba a un paso del sopor. A la hora del recreo estube un tanto perdida; pero rápidamente David se puso en mi camino en contra de mis esfuerzos por estar alejada de él.
-¿Que quieres?-le pregunte brusca.
-Hablar contigo. Gema, yo no queria complicar las cosas, pero creeme cuando te digo que no se explicar lo que soy. Hago cosas que no son normales, el tipo de cosas que son de fantasia, ficcion. No me tomes por un loco, te lo demostraré. Te lo prometo, pero no te puedes ir de esta manera.-le noté sincero, asi que al final acabé cediendo.
-Vale, pero dejame.-pase junto a él rozándole el hombro.
Con ese simple roze pude sentir como la electricidad entre ambos crecía.
Tenía ganas de darme la vuelta y mirarle a sus ojos color avellana, de sonreirle y abrazarle. Pero me negue y seguí avanzando lo mas rápido posible.
David había llegado hacia poco mas de un año a nuestro instituto y desde ese primer día habíamos sido buenos amigos. En realidad yo siempre había querido algo mas con él, pero David tenía otras chicas -le perseguía medio instituto- con las que se liaba. Pero ahora, justo ahora que habíamos estado a milimetros del beso en varias ocasiones; que se palpaba el deseo en el aire y la necesidad de respirar en su presencia cada vez era mas dificil, todo me lo cuestionaba.
Me preguntaba por la existencia de ambos, por nuestros futuros y nuestros pasados. Tan solo que en mi caso era mas complicado, pues mi pasado, mi infancia estaba plagada de lagunas en blanco; de las que no recordaba nada. 


Después de las clases, cuando llegue a mi casa evitando a David, cosa que por un pequeño milagro funcionó. Al estar en mi casa, en mi cuarto, intentando concentrarme en mis apuntes, mi único instinto me llevaba a pensar en David y en lo de la confesión que me hizo sobre la magia, estaba confusa, no sabía que hacer, creo que tenía miedo. Tu lo sabes, no es así, acuérdate por favor, recuérdalo, recuérdalo, recuérdalo. 
-¡Calla! -grite al oir esa voz en mi cabeza, siempre me hablaba, pasara lo que pasara, era un tormento aguantar eso, pero por un momento me pare a pensar.
 ¿Qué tengo que recordar? No me lo creía, le había echo caso a una voz que andaba por mi cabeza… Era imposible que eso tuviera algún sentido. Al ponerme de nuevo con mis estudios, me vino a la cabeza otra vez lo de David, y me pregunte porque le esquivaba ¿es que temía que las cosas fueran a peor?, o tal vez ¿sentía que si me contaba algo mi destino, incluso mi vida cambiarían para siempre?, pero ¿Por qué?, en ese mismo instante algo golpeo la ventana de mi habitación, me asome, allí no había nada. 
¿A caso todo cambiaría si dejaba que David me lo demostrase; si todo lo que él dijese fuera verdad? 
Se volvió a escuchar un golpe en la ventana; la abrí y me asomé; pero de nuevo no había nadie. 

Volví a mi escritorio e intente concentrarme. Al poco, mientras revolvía unos papeles reparé en una pequeña caja de color azul que reposaba sobre una pila de libros. ¿Qué sería aquello?