Intente abrir la caja, pero no podía pues tenía una cerradura. Pero eso no me podía detener en mi intento por decubrir lo que contenía; no me podía quedar de brazos cruzados mientras una caja misteriosa aparecía en mi cuarto a saber como. Pensé en quien podría haber tirado la piedra a la ventana, pero ese pensamiento desaparecio en cuanto vi la caja de nuevo. Recuerdalo, recueldalo, por favor. Otra vez esa voz, suplicandome que recordase algo. ¿De qué hablaría? La aparte de mi mente como pude, y a la caja también. La deje a una esquina de mi escritorio.
Pasaron las horas y yo ya había dado por perdido hacer los deberes, estaba viendo la televisión, pero en cuestión de segundos se fue la luz. Todo paso muy rápido, apenas se había ido, la luz ya estaba de vuelta, pero cuando volvio había una pequeña llave en la mesa frente la tele; en cuanto la vi supe que pertenecía a la misteriosa caja que había en mi cuarto. La coji y subi corriendo a la habitación pasando los escalones de dos en dos. Cuando llegué y fuí a por la caja ya no estaba donde la había dejado, ahora estaba encima de la mesita en la que tenía un espejo de pared, juraría haber dejado la caja en el escritorio, pero tal vez me había equivocado.
Lo que paso a continuación no me sorprendió mas que horrorizó. Abri la caja impaciente, y en su interior encontré un pequeño colgante; era de plata de una fina cadena pendía un circulo con una seríe de dibujos y formas que no sabría definir. Era realmente bonito, ¿Pero que haría aquello allí?
Estube a punto de ponérmelo, pero recapacité a tiempo y lo dejé donde estaba, volviendo a cerrar la caja con llave. No sabía de donde había salido aquel collar, todo esto era muy raro. No pensaba hacer nada hasta que David no me diese explicaciones, seguro que tenía algo que ver con él, seguro.
Aquella noche me costó conciliar el sueño y cuando lo hice no paré de revolverme entre la húmedas savanas.
Estaba sola, hacía frío. A lo lejos escuchaba aquella voz de mujer ya familiar, no podía estar lejos. Seguí caminando por la nada; todo lo que me rodeaba era una gran y vacia cantidad de nada. Pero igual que la veía blanca había partes en que era negra. Era un sitió horrible pues a pesar de estar vacio me causaba confusion y miedo. No queria estar sola.
Llevaba un buen rato caminando hacia la voz de la mujer; cada vez sonaba mas cerca pero no llegaba a verla nunca.
Paré y giré en redondo observando lo que me rodeaba. Del techo,- o tal vez era el suelo; no podía distinguirlos-cayó un cuerpo, como si de un plomo muerto se tratase. Me acerqué con cuidado, pero cuando reconocí el cuerpo me arrodillé a su lado y le busqué el pulso.
Era David. Un David ensangrentado, pero era él. Parecía tan real. El cuerpo volvió a caer, como si el suelo se abriese a sus pies, y se precipitó a una oscuridad mucho mas por debajo de mi. Seras la siguiente en caer si no me haces caso Gema. Me dijó la voz como aviso. Eché a correr, cada vez mas rápido, hasta que las piernas me fallaron. Era demasiado tarde; ya estaba cayendo...
Cuando me desperté fue por culpa de mi madre que me llamaba desde la cocina.
Tube el tiempo justo para vestirme cojer la mochila y comer un par de galletas; aun así cuando llegue al instituto ya iba tarde.
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