domingo, 24 de noviembre de 2013

Capitulo 1


Me despierto con el cuerpo entumecido y dolor de cabeza. No me puedo creer que el tiempo pase tan despacio; haria algo por cambiarlo pero no soy capaz. David me volvio a la mente. Sus palabras, la confesion que me habia hecho la otra noche; aun seguía sin creermela. Magia. Ese decia que era su mundo; el de la magia. Mientras que yo no sabia ni a donde pertenecía. Aquello me resultaba muy dificil de creer. ¿Como llevarias tu que el chico que te gusta, que casi podrias llamar novio, te diga que no podreis estar juntos nunca? ¿Cómo reaccionarias si la causa de esto fuera que su "mundo es el de la magia"? No sabía ni como imaginarme lo que me decía, pero con solo rememorar aquella noche me estremecía.
El dolor era cada vez mas agudo, como agujas clavandose por todo mi cuerpo.
No sigas por ahí Gema.
Me dejé caer en la cama. Esa voz, que me invadía como un recuerdo. Me perseguía, me perseguía desde hacía mucho tiempo. Poblando mis sueños y mis dibujos, mis pensamientos mas oscuros y alegres. Estaba alli siempre como una mala conciencia.
Cuando sali de casa para ir al instituto, no reparé en que algo había cambiado. No se si el viento soplaba mas fuerte, si el sol brillaba mas o simplemente era cosa mia; pero algo no iba bien.
Gema tu sabes que esto no es asi. Lo sabes. Recuerdalo, te lo suplico.
Sacudí la cabeza intentando deshacerme de esa molesta voz de mujer.
Estaba llegando al instituto, las puertas estaban llenas de gente; entre ellos distinguí a varios de mis amigos, pero preferí pasar de largo. La verdad es que últimamente no estaba de humor, me sentía cansada; como si me hubiesen pegado una paliza. Y estaba totalmente reacia a las conversaciones, pues me parecían realmente estupidas.
En clase me limité a atender, pero mi mente estaba a un paso del sopor. A la hora del recreo estube un tanto perdida; pero rápidamente David se puso en mi camino en contra de mis esfuerzos por estar alejada de él.
-¿Que quieres?-le pregunte brusca.
-Hablar contigo. Gema, yo no queria complicar las cosas, pero creeme cuando te digo que no se explicar lo que soy. Hago cosas que no son normales, el tipo de cosas que son de fantasia, ficcion. No me tomes por un loco, te lo demostraré. Te lo prometo, pero no te puedes ir de esta manera.-le noté sincero, asi que al final acabé cediendo.
-Vale, pero dejame.-pase junto a él rozándole el hombro.
Con ese simple roze pude sentir como la electricidad entre ambos crecía.
Tenía ganas de darme la vuelta y mirarle a sus ojos color avellana, de sonreirle y abrazarle. Pero me negue y seguí avanzando lo mas rápido posible.
David había llegado hacia poco mas de un año a nuestro instituto y desde ese primer día habíamos sido buenos amigos. En realidad yo siempre había querido algo mas con él, pero David tenía otras chicas -le perseguía medio instituto- con las que se liaba. Pero ahora, justo ahora que habíamos estado a milimetros del beso en varias ocasiones; que se palpaba el deseo en el aire y la necesidad de respirar en su presencia cada vez era mas dificil, todo me lo cuestionaba.
Me preguntaba por la existencia de ambos, por nuestros futuros y nuestros pasados. Tan solo que en mi caso era mas complicado, pues mi pasado, mi infancia estaba plagada de lagunas en blanco; de las que no recordaba nada. 


Después de las clases, cuando llegue a mi casa evitando a David, cosa que por un pequeño milagro funcionó. Al estar en mi casa, en mi cuarto, intentando concentrarme en mis apuntes, mi único instinto me llevaba a pensar en David y en lo de la confesión que me hizo sobre la magia, estaba confusa, no sabía que hacer, creo que tenía miedo. Tu lo sabes, no es así, acuérdate por favor, recuérdalo, recuérdalo, recuérdalo. 
-¡Calla! -grite al oir esa voz en mi cabeza, siempre me hablaba, pasara lo que pasara, era un tormento aguantar eso, pero por un momento me pare a pensar.
 ¿Qué tengo que recordar? No me lo creía, le había echo caso a una voz que andaba por mi cabeza… Era imposible que eso tuviera algún sentido. Al ponerme de nuevo con mis estudios, me vino a la cabeza otra vez lo de David, y me pregunte porque le esquivaba ¿es que temía que las cosas fueran a peor?, o tal vez ¿sentía que si me contaba algo mi destino, incluso mi vida cambiarían para siempre?, pero ¿Por qué?, en ese mismo instante algo golpeo la ventana de mi habitación, me asome, allí no había nada. 
¿A caso todo cambiaría si dejaba que David me lo demostrase; si todo lo que él dijese fuera verdad? 
Se volvió a escuchar un golpe en la ventana; la abrí y me asomé; pero de nuevo no había nadie. 

Volví a mi escritorio e intente concentrarme. Al poco, mientras revolvía unos papeles reparé en una pequeña caja de color azul que reposaba sobre una pila de libros. ¿Qué sería aquello? 

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